Topónimos: “Ancares”


Ancares, es hoy el nombre que engloba a un hermoso espacio natural compartido entre Asturias, León y Galicia. El atractivo de sus montañas, valles y los ríos que discurren por ellos, lo hacen como un rincón especial de nuestra geografía. Un lugar ideal para disfrutar tanto del senderismo, como del montañismo, así como de un enclave idílico para las escapadas, tanto del fin de semana, como las poder de liberarse un día del clamor de la ciudad. Pero, ¿De dónde viene el topónimo que da nombre a toda una comarca?

Al fondo, cubierto de un blanco manto, el Cuiña luce majestuosos.

El nombre de Ancares , se cree que está vinculado desde antiguo a uno de los valles que sus montañas dan abrigo y que, por divisiones administrativas, hoy se encuentra en la vertiente leonesa de la cordillera. Las primeras referencias históricas a dicho topónimo, aparecen en el Catastro de Ensenada. Documento en el que pueblos como Candín, o Vega de Espinareda de Ancares, figuran como parte de la jurisdicción del realengo “Valle de Ancares” el cual pertenecía al partido judicial de Villafranca del Bierzo.

El Mustallar, a la izquieda, muestra su pared rozando la vertical

Aunque el origen del topónimo sigue siendo un misterio, posiblemente se halle ligado a la evolución fonética de un término precéltico. Hay quienes creen que, dicho topónimo, proviene del nombre de la fortaleza que dicen de Santa María de “Antares”. Castillo que se encontraba frente a la fortaleza de Sarracín y cuya silueta sigue desde lo alto custodiando el Valle del Valcarcel. Dicho término, Antares, es al tanto incorrecto ya que, en el fragmento del libro de Prudencio de Sandoval del cual se esgrima haberlo extraído, no se hace mención a un lugar llamado Antares. Dicho fragmento dice, literalmente:

“Demas defto, limpio tomò vn Caftillo, que fe dezia fanta Maria de Autares puesto en vn monte encima de Villafranca en el Valcarcel, donde fe acogian muchos”

De los picos que conforman la sierra de Ancares, el Pena Rubia es uno de los más faciles de subir.

Así pues, Sandoval, no habla de Antares, si no de la fortaleza de Santa Maria de Autares. Autares, sinembargo, si lleva una posible connotación fonética a poder estar vinculado a otro topónimo anterior, Utares/Utaris. Nombre este de la mansio romana que se cree ubicó en algún lugar del valle del valcarcel y sobre la que, aunque algunos historiadores dicen en Ruitelán, su paradero sigue siendo un enigma.

El mapa más antiguo de los que se tenga constancia y en el que se señale posiblemente esta area de montaña, nos lleva a la llamada Tabula Peutingenaria. Este mapa medieval es copia de un mapa anterior de la época bajoimperial romana. Mapa sobre el que se trazaron todas las vías del Imperio y las mansiones que, apostadas en ellas, servían como alberge a los viajeros.

Cuando la nieve anuncia el invierno en sus picos, la belleza natural que ofrecen es única

En la parte que nos concierne de dicho mapa, y tras dejar a nuestras espaldas el castro de Bergdunum al que hoy se conoce como el castro de la Ventosa en Cacabelos, seguiríamos camino a Lucus Augusti por la Via XIX, adentrándonos con ella en los montes Vilnius. Vilnius fue pues, posiblemente, el topónimo por el cual los romanos conocieron a toda la comarca de Ancares, Caurel y parte de la cordillera Cantábrica.

Hoy en día, popularizado desde los años sesenta, el apelativo de Ancares es aquel que engloba a toda una comarca, dándole una identidad propia y una denominación de origen única. Una comarca, dentro de la cual, otras sierras como la del Iribio, muestran sus picos en pugna a tocar el techo de Galicia. La magna belleza del lugar se hace patente cuando, los picos de la la sierra de Ancares, muestran su altiva elegancia vistiéndose de blanco para festejar, con ello, la llegada del invierno.

Castillos y Fortalezas: “El Castillo de Piornedo”

En julio del 2011, en una de las excursiones a través de la comarca  de Ancares y tras hacer una parada en el pueblo de Piornedo. Lugar que, por excelencia, hace memoria de la arquitectura prerromana y del que se hablará en otro artículo. Nos llamó la atención el nombre que, los vecinos, daban a  una de las colinas próximas al lugar.

La colina, que es llamada “Picos da Torre” y que se encuentra a menos de un kilomero del centro de Piornedo, es uno de esos lugares cuyo nombre parece hablar sobre su pasado e indicar que, sobre el cerro, alguna vez hubo un castillo, una torre de la época medieval o, tal vez, romana.

Tras haber hablado con uno de los vecinos  sobre la colina. El nos comento que se decía desde antiguo, que allí había habido un castillo y que, tras ser abandonado, sus piedras habían sido llevadas para ser reutilizadas en la construcción de una iglesia próxima a Piornedo. Así como también haber reutilizado parte de ellas, en las paredes que daban cierre a las fincas.

Dada su orografía abrupta, y una vegetación de monte bajo y agresiva como zarzas, cardos o argomas que le hacen de alfombra, no es del todo facil llegar al lugar del emplazamiento. Alcanzada su parte más alta, en algunas de las rocas dispersas por la explanada, se aprecian encajes tallados en estas que pudieron servir como los estribos a las vigas de aquella olvidada torre.

El lugar donde se encontró asentado el emplazamiento, se hace perfecto como un mirador a las abruptas pendientes que trazan las formas y figuras de los profundos valles de la sierra. Una senda limpia de maleza, un sendero a este lugar, podría convertirlo en otro lugar fantástico de Piornedo, desde el que contemplar la mágica  belleza que encierran las montañas de Ancares

Quedan, como siempre, aquellas preguntas sin respuesta. ¿Pudo ser el legado de un fuerte romano, para terminar sus días de gloria como una torre defensiva durante la Edad Media? Lo cierto es que, desde sus tiempos de gloria hasta su decadencia, el olvido de aquella torre y las leyendas que pudieron verterse sobre ella quedarán, como tantas otras, perdidas en el tiempo.

Mitos y Leyendas: “El Castillo de Doncos”

En la entrada a Galicia que hoy todos conocemos, bajando por el valle que lleva las aguas del Navia hasta As Nogais, se encuentra el Castillo de Doncos. También llamado Castillo da Grupa, o de San Agustín, hoy poco más queda de él, que la vieja torre de un pequeño castillo medieval sobre el que, como en cada rincón de las tierras de Ancares, pesa una vieja leyenda. Leyenda  que, a su vez,  da nombre al Castillo.

“Cuentan que, en plena invasión musulmana, unos moros atacaron a una pareja de peregrinos que se dirigía a Santiago. Uno de ellos raptó a la joven peregrina y, al verse perseguido por uno de los caballeros que, desde el Castillo tenían la misión de proteger el Camino, decidió cortarle el cuello a la mujer para que nadie pudiese disfrutar de su belleza. En ese momento la grupa de su caballo blanco se tiñó del rojo de la sangre de la hermosa cristiana y dio para siempre nombre a la fortaleza”

 

Flora de Ancares: “El roble”

Extendido a lo largo y ancho de Europa, el roble ha sido uno de los árboles más queridos y emblemáticos desde la antigüedad. La belleza de sus bosques, la majestuosidad de su porte, lo preciado de su madera y la abundancia de robledales hizo, de este árbol, todo un símbolo que entraría por la puerta grande de la simbología sagrada para diferentes culturas entre ellas, la celta.

Su majestuosidad, y la nobleza de sus maderas, lo hicieron entrar por la puerta grande entre los arboles sagrados de las culturas prerromanas

En latín, roble y fuerza se expresan con la misma palabra: robur. Dicha expresión, simbolizaba tanto la fortaleza física, como la fortaleza moral. Desde la cultura celta, en donde el roble es el primero de los trece arboles sagrados, a  la misma mitología griega en la cual, Zeus, descasa bajo un roble, tanto su imponente elegancia, como su fruto, las bellotas, lo convertirían en un símbolo. Un emblema en donde, bajo su protección, residían y descansaban los dioses.

Llamados rebolas o carballos en Galicia, este arbol caducifolio era en el mundo celta la representación de Esus que, junto a Taranis y Teutates,  eran los dioses protectores de los bosques.

Castillos y Fortalezas de Ancares

Aunque, en otro tiempo, la frontera del Reino de Galicia se encontraba más al este de donde hoy se demarca. La zona montañosa de Ancares y Caurel constituiría, en si misma, una muralla natural de pasos angostos, profundos valles y peligrosos desfiladeros que pusieron en jaque todos aquellos que intentaron invadir Galicia desde el este. En leyendas, como la de la defensa del valle del Valcarcel, se cuenta como aquellos intentos de las tropas de Almanzor por entrar en Galicia, siguiendo el desfiladero por el que discurría el río y ante una fiereza inusitada de los lugareños, se verían frenados durante años.

Castillo de Tores, sede del Partido Judicial que llevaba su nombre hasta mediados del siglo XIX, terminó sus dias siendo deborado por un incendio.

Armados de lo poco que disponían, pero con la ventaja de lo angosto del valle por el que trataban de acceder las ordas. Estos idearon de acumular rocas, a las que llamaban galgas, en las partes altas de las vertientes del desfiladero. Contenidas por empalizadas, a la llegada de los  invasores, estas galgas eran liberadas para que rodasen montaña abajo y, literalmente, apedrear a todo aquel que osase entrar en la parte más angosta del valle.

Al fondo de dicho desfiladero, aún hoy en día quedan auténticos pedregales de rocas de un considerable tamaño, que bien pudieron ser parte de los rudimentarios proyectiles usados por aquellas gentes que, aprovechando lo escarpado del terreno, lo usaron como arma para defenderse de las incursiones musulmanas.

Tanto para el posicionamiento de fuertes defensivos en sus sierras, como para la de puestos fronterizos. Lo angosto de los valles que abrían los obligados pasos desde Galicia a la meseta, hicieron de estos enclaves los lugares idoneos para el control del tráfico de mercancías. Cabe decir que, años atras, durante la primera mitad del siglo  XX, el buen conocimiento de los lugareños de la orografia de las montañas tentó a que, algunos de ellos, se dedicasen a lo que se llamaba el estraperlo. Aquellos que se arriesgaron, compraban las reses a un bajo coste en los pueblos de la montaña lucense para, llevandolas a traves de los desfiladeros de las montañas, poder revenderlas en castilla a un precio muy por encima de lo que eran pagadas en Galicia.

Muchos fueron los castillos y torres que se levantaron a lo largo de las crestas que coronaban los valles de esta comarca. Aunque, parte de estas fortalezas hoy no pertenecen a lo que es Galicia, la de Sarracín, que custodia el valle del Valcarcel, es una de las más impresionantes. Castillos como el Torés, Doncos, Navia, Balboa, Sarracín o Doiras, presentes hoy y aquellos de los que apenas queda su sello en la toponimia de los lugares que ocuparon, custodiaron las entradas de un antiguo reino y hoy son los testigos mudos de nuestra historia.

Ancares es mágico

En un rincón al este de Galicia, se encuentra la sierra de Ancares. Entre altivas montañas y profundos valles descansan, en un milenario sueño, las leyendas y las tradiciones de los pueblos que en ellas vivieron a lo largo del tiempo.

Mouros y gigantes, castros y castillos, fuentes y ríos, montañas y valles y, en su conjunto, aquellos parajes en donde las gentes, a largo de los siglos, lucharon, trabajaron, rieron y lloraron, dando sus vidas para dejarnos un legado cultural que, ante una imparable globalización queda, a cada paso un poco más en el olvido

El gigante dormido, descansa bajo los cielos de Galicia

Galicia, tierra de meigas y trasnos. Galicia siempre mágica desde sus costas, hasta las montañas en donde, próximas sus cumbres a tocar el cielo, duermen sus dioses. Con el deseo de que, la memoria del tiempo, no los olvide. Con la intención de que, las gentes que se alleguen a estas tierras, encuentren en cada rincón una poca de la magia que esconde su belleza, surge esta humilde iniciativa. Bienvenidos a las mágicas montañas de Galicia, bienvenidos a Ancares Máxico