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Castillos y Fortalezas: “Castillo de Doncos”

 

Custodiando una de las entradas a Galicia, en la provincia de Lugo y escondido en el valle que lleva las aguas del Navia a traves del municipio de As Nogais, se encuentra el castillo de Doncos o de San Agustín. También llamado Castillo da Grupa, de lo que dicha construcción fue en su época, hoy tan solo queda en pie su torre del homenaje.

castelo

A diferencia de otras muchas fortalezas, que se alzaron sobre sierras inexpugnables y desde las cuales divisaban comarcas enteras. Llama la atención el lugar que, este original castillo, ocupó para su cometido. Modestamente enclavado sobre un pequeño otero al fondo del valle y próximo al río Navia que, en parte, pudo haberle servido como foso. Tal ubicación lo deja en una dudosa posición defensiva, lo que lleva a pensar en que bien pudo haber sido destinado a  fines puramente logísticos.

También se dice sobre él, que que formó parte de de las torres que custodiaron la entrada al Reino de Galicia durante la Edad Media. Entre estas torres defensivas, se encontraban fortalezas tales como la de Sarracín en las vegas del Valcarcel, la de Cornatel en Prianza del Bierzo o la de los Templarios en Ponferrada.

Aunque su construcción es altomedieval, cabe la posibilidad de que este castillo hubiese sido edificado sobre una fortificación ya anterior. Como muchos otros castillos de su época, el porque y el cuando de su origen, seguirá siendo uno de esos misterios que se esconden tras el tupido velo de la historia.

Castillos y Fortalezas: “Castillo de Tores”

Son muchas las hipótesis que, sobre el origen de este emplazamiento, corren por los libros de historia. Aunque, dicha comarca, ya estaba habitada desde mucho antes de la conquista romana, el nombre que hoy posee, Torés, se lo asocia, por algunos historiadores, a una derivación fonética de la expresión latina turris que, en su plural, es turres, torre/torres. Aún así, el acento fonético de su nombre, deja las puertas abiertas a otras hipótesis sobre tal origen.

Castillo de Tores, sede del Partido Judicial que llevaba su nombre hasta mediados del siglo XIX, terminó sus dias siendo deborado por un incendio.

La datación del castillo, que hoy custodia su valle y próximo al montículo en donde se hallan emplazadas las murallas del castro prerromano, dicen de una época para su construcción, que no es, ni de lejos, romana. Aunque, por otra parte, no cabe de descartar que, sus cimientos, pudiesen haber formado parte de otras construcciones anteriores. Lo cual abre la posibilidad de que, los que hoy son los cimientos de este castillo, también lo hubiesen sido de una primera villa romana cuyas torres, hubiesen dado origen a su topónimo actual, Turres/Torés.

En cuanto a la antigüedad de la familia por la que fue regido, tanto el emplazamiento, como la comarca que abarcaba su feudo, cabe reseñar que, ya en el año 755 de la era cristiana, fue mencionada por el obispo de Orense, D. Sarvando. En dicha mención, esta era señalaba como una familia de un “muy antiguo linaje”. Lo que ha dado pie a que, algunos historiadores, hubiesen llevado los orígenes de esta casa, a las familias nobles de la época imperial romana.

De ser así, la validez del topónimo de dicho lugar asociado a las torres de una antigua villa romana, podría tomar un cierto grado de firmeza. Aunque, su confirmación, como siempre, quedará relegada al tiempo y a los resultados de nuevos estudios que, sobre ella, se puedan llevar a cabo.

El feudo que, este castillo y su familia, administraba, comprendía una extensión de once parroquias entonces. Dichas parroquias, y según el catastro de Floridablanca de 1786, formaban todas ellas parte de un señorío secular. Señorío, cuya administración de justicia ordinaria, era nombrada por el conde de Amarante, Señor de Torés.

La parroquias que lo constituían, eran las de San Juan da Augueira; La parroquia de Fonfría, hoy dividida en la de Fonfría, San Juan y Santa Lucía de Louzarela; La parroquia de Guillen; La parroquia de Morcelle; La parroquia de San Andrés, hoy dividida en las de San Andrés y Santa María Magdalena de As Nogais; La parroquia de Quintá; La parroquia de Tortes; La parroquia de Viladicente; Y la parroquia de San Juan Torés, parroquia esta en la que también se encuentra enclavado dicho castillo.

Años después del catastro de Floridablanca, a mediados del siglo XIX, el castillo y, con él, gran parte de los archivos de la zona jurisdiccional que administraba, perecieron en un malogrado incendio. Incendio que dio origen al estado ruinoso en el que hoy se encuentra.

Tras la limpieza de la maleza que cubría sus muros, lo hacen un lugar que invita a ser visitado. No solo por su historia y las leyendas que sobre el giran, si no también, por la belleza que acompaña a su entorno.

Castillos y Fortalezas: “El Castillo de Piornedo”

En julio del 2011, en una de las excursiones a través de la comarca  de Ancares y tras hacer una parada en el pueblo de Piornedo. Lugar que, por excelencia, hace memoria de la arquitectura prerromana y del que se hablará en otro artículo. Nos llamó la atención el nombre que, los vecinos, daban a  una de las colinas próximas al lugar.

La colina, que es llamada “Picos da Torre” y que se encuentra a menos de un kilomero del centro de Piornedo, es uno de esos lugares cuyo nombre parece hablar sobre su pasado e indicar que, sobre el cerro, alguna vez hubo un castillo, una torre de la época medieval o, tal vez, romana.

Tras haber hablado con uno de los vecinos  sobre la colina. El nos comento que se decía desde antiguo, que allí había habido un castillo y que, tras ser abandonado, sus piedras habían sido llevadas para ser reutilizadas en la construcción de una iglesia próxima a Piornedo. Así como también haber reutilizado parte de ellas, en las paredes que daban cierre a las fincas.

Dada su orografía abrupta, y una vegetación de monte bajo y agresiva como zarzas, cardos o argomas que le hacen de alfombra, no es del todo facil llegar al lugar del emplazamiento. Alcanzada su parte más alta, en algunas de las rocas dispersas por la explanada, se aprecian encajes tallados en estas que pudieron servir como los estribos a las vigas de aquella olvidada torre.

El lugar donde se encontró asentado el emplazamiento, se hace perfecto como un mirador a las abruptas pendientes que trazan las formas y figuras de los profundos valles de la sierra. Una senda limpia de maleza, un sendero a este lugar, podría convertirlo en otro lugar fantástico de Piornedo, desde el que contemplar la mágica  belleza que encierran las montañas de Ancares

Quedan, como siempre, aquellas preguntas sin respuesta. ¿Pudo ser el legado de un fuerte romano, para terminar sus días de gloria como una torre defensiva durante la Edad Media? Lo cierto es que, desde sus tiempos de gloria hasta su decadencia, el olvido de aquella torre y las leyendas que pudieron verterse sobre ella quedarán, como tantas otras, perdidas en el tiempo.

Castillos y Fortalezas de Ancares

Aunque, en otro tiempo, la frontera del Reino de Galicia se encontraba más al este de donde hoy se demarca. La zona montañosa de Ancares y Caurel constituiría, en si misma, una muralla natural de pasos angostos, profundos valles y peligrosos desfiladeros que pusieron en jaque todos aquellos que intentaron invadir Galicia desde el este. En leyendas, como la de la defensa del valle del Valcarcel, se cuenta como aquellos intentos de las tropas de Almanzor por entrar en Galicia, siguiendo el desfiladero por el que discurría el río y ante una fiereza inusitada de los lugareños, se verían frenados durante años.

Castillo de Tores, sede del Partido Judicial que llevaba su nombre hasta mediados del siglo XIX, terminó sus dias siendo deborado por un incendio.

Armados de lo poco que disponían, pero con la ventaja de lo angosto del valle por el que trataban de acceder las ordas. Estos idearon de acumular rocas, a las que llamaban galgas, en las partes altas de las vertientes del desfiladero. Contenidas por empalizadas, a la llegada de los  invasores, estas galgas eran liberadas para que rodasen montaña abajo y, literalmente, apedrear a todo aquel que osase entrar en la parte más angosta del valle.

Al fondo de dicho desfiladero, aún hoy en día quedan auténticos pedregales de rocas de un considerable tamaño, que bien pudieron ser parte de los rudimentarios proyectiles usados por aquellas gentes que, aprovechando lo escarpado del terreno, lo usaron como arma para defenderse de las incursiones musulmanas.

Tanto para el posicionamiento de fuertes defensivos en sus sierras, como para la de puestos fronterizos. Lo angosto de los valles que abrían los obligados pasos desde Galicia a la meseta, hicieron de estos enclaves los lugares idoneos para el control del tráfico de mercancías. Cabe decir que, años atras, durante la primera mitad del siglo  XX, el buen conocimiento de los lugareños de la orografia de las montañas tentó a que, algunos de ellos, se dedicasen a lo que se llamaba el estraperlo. Aquellos que se arriesgaron, compraban las reses a un bajo coste en los pueblos de la montaña lucense para, llevandolas a traves de los desfiladeros de las montañas, poder revenderlas en castilla a un precio muy por encima de lo que eran pagadas en Galicia.

Muchos fueron los castillos y torres que se levantaron a lo largo de las crestas que coronaban los valles de esta comarca. Aunque, parte de estas fortalezas hoy no pertenecen a lo que es Galicia, la de Sarracín, que custodia el valle del Valcarcel, es una de las más impresionantes. Castillos como el Torés, Doncos, Navia, Balboa, Sarracín o Doiras, presentes hoy y aquellos de los que apenas queda su sello en la toponimia de los lugares que ocuparon, custodiaron las entradas de un antiguo reino y hoy son los testigos mudos de nuestra historia.