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Minería romana en Ancares: Las Medulas de los Carrascos

A la sombra de las Médulas de Carracedo, las Médulas de los Carrascos en el valle del Valcarcel ocuparon una extensión de 150 Hc. Posiblemente anterior a las Médulas de Carracedo, quedan de esta parte de la Red de canales que fueron usados para el lavado de los materiales

Hace algún tiempo y con la intención de encontrar pistas a la posible ubicación de la mansión romana de Útaris. Mansión que, según algunos eruditos, se cree que se encuentra bajo las ruinas de la fortaleza de Santa Maria de Autares en el valle del Valcárcel. Encontramos en los mapas topográficos de la comarca, y no muy apartadas del trazado que seguía la vía romana, anomalías sobre el terreno que no podían ser de origen natural.

Ocupando una superficie superior a 150Hc, en dicha imagen se pueden observar los desgarros que confirman las líneas de nivel del mapa topográfico y la orografía del mapa del mapa de relieve.

Las anomalías estructurales en la topografía de la sierra, que rompían los patrones de regularidad geológica de la misma, mostraban una discontinuidad de la geomorfología natural del terreno. Tales desgarros nos llevaron a pensar que bien podrían haber sido provocadas por la mano del hombre. Tras observar dichas anomalías en las líneas de nivel, la observación de las ortofotos no dejaban duda. Dicha anomalía, que se encuentra en la llamada la Sierra del Caldeirón perteneciente al ayuntamiento de Trabadelo, dejaba claro de que allí había habido una mina a cielo abierto y de un tamaño considerablemente grande.

El área, remarcada en azul, señala el lugar ocupado por dicha mina romana en la Sierra del Caldeirón en Trabadelo. El área afectada de dicha sierra se localiza en la cuadrícula de coordenadas: 42°39’18.17” N 6°50’40.70″ O

Ocupando una superficie superior a 150Hc, dicha mina tuvo que tener una importante relevancia en el valle del Valcárcel y en las comarcas ancaresas limítrofes hoy, parte de ellas, de la provincia de León. La única información relevante sobre este lugar lo encontramos tiempo después en la página del ayuntamiento de Trabadelo en donde, esta mina, es llamada las Médulas de los Carrascos. Próxima al pueblo de Pradela, en dicho lugar, se puede apreciar el curso de diversos canales por los que se transportaba el agua hasta el frente de la mina, así como la cueva romana de La Rigueiriña.

En el siguiente mapa, se expone una representación teórica de las líneas de nivel que podrían responder al patrón natural de la sierra en una época anterior a los procesos mineros que sobre ella se llevaron a cabo. El área sobre la que tuvieron lugar los procesos de movimiento de tierras, se corresponde con la superficie sombreada en negro

Desgraciadamente, la grandeza de unos ensombrece la importancia de otros. Tal es el caso de esta antigua mina romana, que pasa por ser una desconocida para el resto a la sombra de las populares Médulas de Carracedo. Próxima a la la Vía XIX y al camino de Santiago, pocos son los que se paran en visitar un yacimiento minero que, en su época de esplendor, pudo tener tanta importancia como cualquiera de sus hermanas mayores.

En el siguiente mapa de relieve, se pueden apreciar con claridad diferentes áreas de sedimentación generadas por el arrastre de tierras desde la cuenca en donde tuvo lugar la excavación, remarcada en azul. Siendo las zonas sombreadas en color rosado fuerte las áreas de sedimentación de materiales pesados y las de rosado claro las de la sedimentación de las partículas ligeras.

Ancares Prerromano: “Petroglifo de Teixoeiras”

“Contaba la leyenda que, sobre el monte de Teixoeiras y en el lugar llamado Chao de Canda, se encontraba una roca con extrañas marcas que habían sido talladas por “mouros” mucho tiempo atrás, señalando con ellas el lugar en donde se encontraba oculto un tesoro. Pero, cuidado, quien osase profanar la roca para llevarse el tesoro, una maldición lo perseguiría…”

Contaba la leyenda que sobre el se encontraba una roca con marcas bajón la que de escondía un antiguo tesoro

Llamada por los vecinos ” A Pena das Marcas” o “A Pena das Teixoeiras” y entre el temor y la curiosidad, está perduraría intacta durante milenios hasta que, tres vecinos de un pueblo próximo llamado Lama da Vila, decidiesen volarla en pedazos a principios de los años treinta del pasado siglo. Decepcionados por no haber encontrado el codiciado tesoro dentro de la roca, dejaron sus trozos dispersos por el lugar en donde esta yacía. Sin saber que, aquella roca, era el verdadero tesoro. Un tesoro llegado desde un tiempo inmemorial y que, por su necedad, lo habían condenado a muerte.

Entre las vistas de los paisaje que pueden ser contemplados desde el lugar en donde esta se enclava. La de la Sierra de Ancares, muestra su majestuosa elegancia como el testigo que presenció a aquellos que, en una época preferirá, trazaron con maestria los grabados sobre la roca de la que hoy tan solo perduran sus fragmentos.

Vista de los montes y valles de Ancares desde el pico de Teixoeiras. Las vistas panorámicas desde este enclave son magníficas

Transcurrido el tiempo, y aunque el petroglifo ya había sido volado en pedazos, su leyenda perduró en la memoria de las gentes hasta que, durante el verano de mil novecientos ochenta y tres, David Alba se la contaría una tarde a su nieto Abel y a uno de sus amigos llamado Marcelino. Con la curiosidad juvenil a flor de piel, ambos iniciarían el ascendo a la montaña para ir a visitar el lugar en donde este yacía.

Entre los trozos que quedaban de la roca, unos más grandes y otros más pequeños, ambos encontraron algunos que tenían extrañas marcas, unas con forma de herradura, otras en forma de cazoleta y otras de forma indeterminada. Amantes del senderismo y dados a las largas caminatas, ambos hicieron del lugar un punto de paso que, a lo largo de los años, visitarían.

Pasado el tiempo, y ya casi caída en el olvido, Abel, decidió buscar a quien informar sobre la existencia de dicho petroglifo. Para ello, se puso en contacto con un grupo llamado “Patrimonio Ancares” que, al parecer, operaba por la zona con el propósito de recuperar el patrimonio histórico de la comarca.  Contactado con uno de ellos, llamado Xabier Moure, marcaron una fecha para ir a verlo.

El día anterior a la fecha acordada para la ascensión a la cumbre, Abel, recibió una llamada de Xabier Moure manifestando su pesar por la imposibilidad de poder ir el día señalado. Razon por la que se pospondría la cita para otras fechas más adelante. Dado por perdido dicho encuentro, Abel decidiría subir por su cuenta al lugar para tomar fotos de las panorámicas del lugar mientras lo visitaba despues de años.

Para su sorpresa, mientras ascendia, por la otra ladera de la montaña pudo divisar a lo lejos a Xavier Moure que, acompañado de una mujer, también habían iniciado el ascenso a la cima. Llegados al lugar, y ante el desconcierto de aquellos dos buscadores, Abel les indicaría el lugar en donde los restos del petroglifo yacían.

Posiblemente un trifinium dada la proximidad de una fuente llamada “fonte do marco”, este petroglifo es el primero que fue encontrado y registrado en el Concello de As Nogais

Tiempo después del encuentro en la cima de Teixoeiras, y de que Xabier Moure le hubiese prometido que figuraría como informador de dicho hallazgo, Abel sería avisado por Patrimonio de que no había sido mencionado en los informes que habían sido remitidos a la Xunta de Galicia por Xavier Moure sobre el descubrimiento. Sin dilaciones, se cursarían los documentos necesarios e hicieron las correspondientes gestiones ante Patrimonio de la Xunta de Galicia en donde hoy Abel, socio fundador de la Asociación Cultural Ancares Máxico, figura hoy como el descubridor del primer petroglifo hallado en As Nogais.

Mansiones Romanas: “Vilavexe”

Los viejos pueblos de las montañas hacen, en sus topónimos, un guiño al cómo y al cuándo de su origen. Cada rincón, cada pueblo, tiene un nombre, un topónimo. Algunos de ellos contemporáneos, otros tan antiguos como la misma historia. Tal es el caso de los pueblos sobre los que hablaremos hoy: Vilavexe y Lamadavila, en el Concello de As Nogais

Vilavexe, a los pies del alto de Teixoeiras:
Del término prerromano Teixo y del latín eiram, el topónimo del monte, que da abrigo al pueblo, dice de que, antaño, era un lugar poblado de tejos (teixos). Árboles de los que, en dicho lugar, no queda nada más que su nombre.

Para entender su origen, es necesario hacer un pequeño viaje en el tiempo a la época romana. Tras la invasión y como vencedores, los romanos adjudicaron haciendas a ciudadanos que serían los administradores de aquellas nuevas tierras recién adheridas al Imperio. Estas haciendas, llamadas vilas en gallego (villam/villae en Latín), surgieron con el fin de aprovechar la nueva “terra conquistata” y hacerla útil a los intereses económicos de Roma

La categoría de de estas villas iba, desde las modestas explotaciones agrarias, como aquellas que dieron origen a los pueblos de Vilavexe y Lamadavila (villas rústicas), hasta las suntuosas mansiones (villas dominicas) desde las que, nobles romanos, dirigirían las labores de trabajo de sus latifundios. El trabajo duro en estas nuevas tierras, saldría de la mano de obra barata de los esclavos aportados por el sometimiento de la región tras la conquista. Siendo, la evolución de las villas dominicas, las que, posteriormente, darían lugar al nacimiento del feudalismo durante la alta Edad Media y a feudos como el de Torés, o Vilalba.

Cerredo, con el alto de Teixoerias al fodo:
En el camino ancestral que cruza por este paraje de Vilavexe a Lamadavila, hasta hace poco tiempo, hubo una cruz clavada al lado del camino. Dicha cruz, santificaba a antiguos enterramentos, las medorras, que en dicho lugar se hallan.

El término villam y sus diferentes derivaciones fue, con toda probabilidad, la palabra latina de mayor éxito en la toponímia tanto gallega, como asturiana. Haciendo fácilmente explicable el origen de muchos de sus pueblos, entre ellos: Vilavexe, Vilartote, Vilarín, Vilarello, Lamadavila…  Así pues, cabe decir que, tanto en la Hispania romana, como el la altomedieval, la villa era, básicamente, la casa campesina rodeada de los establos y de los edificios anexos necesarios, junto a los terrenos adjudicados para su explotación.

Lamadavila, Lama Villae, el origen de su topónimo nos llega del término prerromano lama, lameira, lameirón que, en una palabra, es una pradería, más el sustantivo villam: La pradería de la villa. Siendo la ubicación de dicho pueblo, el lugar en donde se asentaron las viviendas de los trabajadores dedicados al pastoreo, entre otras labores. Por tradición oral sabemos hoy que, a los habitantes de este pueblo, se los llamaba tambien lamegos. Según algunos autores, dicho término viene de la expresión prerromana Lamaecus. Expresión con la que se definía a los trabajadores de una explotación agraria.

Lama da vila:
Del término prerromano lama y del latino villam, dice del asentamiento en donde vivieron los trabajadores de la antigua explotación romana de Vilavexe. Los habitantes de este pueblo, también eran llamados lamebos en la comarca, expresion prerromana con la que se clasificaba a los trabajadores de las granjas

Cabe remarcar que, las villas que hoy conocemos, aún hablándonos de su origen, poco o nada mencionan al nombre de su fundador. Esto viene de una costumbre que, aún hoy en día, es comun en los pueblos al llamar a las casas bien por el apellido (Casa de López), por su estado (la casa nueva), por su ocupación (la casa del zapatero), así como por las virtudes, o los defectos, de quienes en ella viven, o vivieron.

Vilavexe es, en su posible etimología, la combinación de dos términos latinos villam y vexo/vexator, Villa vexo,  o lo que es lo mismo, la granja del verdugo. Si el calificativo dado a la villa por sus subditos fue tal, y dado que Vilavexe se encuentra a poco más de kilometro y medio de los restos de una de las principales vias romanas. El hecho de llamar verdugo, o perseguidor, al propietario de esta, puede acotar su fundación a los primeros años tras la conquista y, con ello, el desprecio de las gentes de la comarca, hacia los nuevos dueños de la tierra.

Próximo a Cerredo, y al lado de una de las tan solo dos fuentes perpetuas que en dicha localidad existen, fue, posiblemente sobre este llano, en donde se encontraba la antigua villa romana que dio nombre a Vilavexe.

El lugar para construir estas villas, exigía de ciertas condiciones necesarias. La primera, y esencial, era la proximidad a una fuente y, la segunda, un lugar medianamente nivelado que aportase solar para la vivienda y para otras construcciones anexas a esta. La Villa Vexo tubo su ubicación en un pequeño llano, próximo al lugar conocido hoy como Cerredo. Siendo este último el que, con toda seguridad, fue dedicado a cercado (cerredo) en donde los administradores de la villa tendrían confinadas a sus reses.

Con el paso del tiempo, estas villas y sus contornos, evolucionaron adaptandose a las distintas épocas y sus condiciones. Desde la esclavitud de los primeros años, a los colonatos, nuevas edificaciones surgirían entorno a estas villas dando nacimiento a los pueblos que hoy conocemos y que parecen abocados a un inexorable final.

Mineria Romana: El saqueo de Hispania

Desde la antiguedad, pueblos como los fenicios, o los griegos, vinieron a Hispania en busca de los metales preciosos que se decía que aquí abundaban hasta el punto de poder ser recolectados sin esfuerzo. Las historias y leyendas que entonces eran contadas sobre Iberia, hablaban de una inmensa riqueza minera, un El Dorado de la antigüedad clásica y en la zona más occidental del mundo conocido. Asentadas sus colonias en las costas mediterráneas, y de las que hoy nos quedan vestigios como Ampurias o Rodas, los pueblos llegados del este del Mediterráneo establecieron aquí sus nucleos, desde los que comerciaron con los distintos pueblos que habitaron Hispania.

Los hombres de Celtiberia tenían por costumbre el uso de unos brazaletes de oro a los que llamaban viriae. Ello daba muestra de la abundancia del oro en sus tierras.

Como sucesores de los fenicios, los cartagineses mantendrían la explotación de los recursos, sirviéndose tanto de los recursos mineros, como de los recursos humanos, para así financiar sus casi continuas guerras contra la naciente Roma. Cabe reseñar, sobre la primitiva minería de la época, los escritos llegados de la mano de Estrabón. Este geografo de la Grecia clásica del siglo III A.C. describe las lamemtables condiciones en las que, por aquel entonces, se realizaban los trabajos de mineria, con turnos de Sol a Sol, tanto de día, como de noche, y a la luz de las lamparas de aceite.

Como sucesora de griegos, fenicios y cartagineses, Roma no tardaría en llegar para quedarse. Aunque su llegada a Hispania no fue con la intención de conquistarla, sería tras la derrota de Cartago cuando descubrirán una Hispania rica en todo tipo de recursos, desde los metales y piedras preciosas, hasta de aquellos materiales necesarios para el desarrollo de una Roma emergente. Las leyendas que, sobre la abundancia de los metales preciosos se contaban, llevaría a las incursiones hacia el oeste de Hispania. Los escritos clásicos que hablaban de una abundancia de oro que no tenían igual y leyendas de que en las cuencas de los ríos como el Miño, el Sil o el Duero, el oro podía ser recolectado sin dificultad, alentarían la sucesiva conquista de Hispania por parte de Roma.

Las Médulas fueron la mayor mina de oro del Imperio Romano desde sus inicios en el siglo I DC hasta el siglo III

La agresividad que llevaban consigo las explotaciones romanas, dejaron tras de si grandes áreas totalmente arrasadas tales como las Medulas de Carracedo en el Bierzo o las Medulas de los Carrascos en el Valcalrcel. La técnica de derrube usada, obligaba a escabar galerías por la que circularía el agua que previamente sería llevada a la explotación por una intrincada y extensa red de canales. Entre los sedimentos que estas aguas irian dejando tras de sí, quedaría el oro que sería, posteriormente, sería recolectado. Cabe decir que, la mina a cielo abierto de Las Médulas, fue la mayor mina de oro del Imperio Romano hasta el siglo III D.C.

Las necesidades de estos yacimientos mineros, llevo a un movimento de gentes venidas de otras áreas del imperio. Desde militares para su vigilancia, a la necesidad de ingenieros y de personal cualificado para el desarrollo de las obras hidráulicas y de su administración, darían paso a una romanización de la que hoy somos herederos. La explotación de los recursos en las Medulas de Carracedo se mantuvo operativa desde el siglo I, hasta el III D.C. Llegada esta época, la mayor parte de los yacimientos del Noroeste de Hispania perdieron su productividad hasta considerarse agotados a partir del 300 D.C.

A la sombra de las Medulas de Carracedo, las Medulas de los Carrascos en el valle del Valcarcel ocuparon una extensión de 150 Hc. Posiblemente anterior a las Medulas de Carracedo, quedan de esta parte de la Red de canales que fueron usados para el labado de los materiales

En resumen, cabe decir que la riqueza minera de la Gallaecia y, en su conjunto, de Hispania, no tuvo igual en ningún otro lugar de la antiguedad clásica. Haciendo de estas virtudes, el reclamo a las ambiciones de los comerciantes y el deseo de imperios. Con Roma al frente de las antiguas minas fenicias, así como de la apertura de las nuevas explotaciones, harían de Hispania uno de los lugares más próspero del mundo antiguo.