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Mitos y Leyendas de Ancares: Os Renubeiros

Entre las muchas leyendas heredadas de los pueblos prerromanos, la de los Renubeiros en Ancares o Nuberus en Asturias es, posiblemente, una de las más ancestrales. Se decía sobre estas entidades, que poesían unos poderes especiales sobre el dominio de las nubes y las tormentas. Con poderes equiparables el Odín de los pueblos bálticos, los Renubeiros podían ser, tanto benefactores al liberar mansas las lluvias, como desoladores al desatar toda la fuerza indomita de la naturaleza.

El poder de las tormentas estaba en manos de los Renubeiros que bien podían liberar toda su furia o controlarla.

Muchas son las interpretaciones y retoques esteticos que, a través de la tradición popular, se le fueron añadiendo al mito. Cabe señalar que, en algunos lugares de Asturias y Galicia, se decía que eran seres con la apariencia de ancianos desaliñados que, cuando bajaban a tierra y por azar, podían ir junto a alguien a pedirle un favor. De ser el favor cumplido, las lluvias posteriores serían mansas y benefactoras. De no haber recibido el favor, por desdeño de estos entes, desencadenarían toda su ira en forma de desoladoras tormentas y vendavales.

En la comarca de Ancares, estos semidioses ancestrales, se decían que eran unos seres de apariencia humana, ataviados de túnicas blancas y poseedores de unos libros en donde estaban escritos todos sus conocimientos para guíar a las nubes cual rebaños.

Sobre las nieblas dispersas que recorren las montañas ascendiendo hacia el cielo, se creía que iban los Renubeiros.

A lomos de los llamados burros de niebla, bajarían a tierra leyendo su libro de mantras al revés. Llegados a tierra, estos burros de niebla cargarían con más agua para alimentar a las demás nubes de su rebaño y, de ese modo, proseguir con su trabajo de esparcir las lluvias. Para volver ascender, los Renubeiros leerían su libro de mantras al derecho iniciando un lento ascenso mientras, sus monturas, recorren las vertiente de las montañas.

Segun la tradición de esta comarca son, aquellos lugares de las sierras en donde descargan los relampagos con mayor frecuecia y en los lugares en donde brotan las fuentes, los lugares en donde estos seres se apeaban de sus jumentos para descansar.

Hasta no hace mucho tiempo, era comun la advertencia a los jóvenes de no acercarse a uno u otro lugar en donde los Renubeiros tomaban tierra. Entre lo mitológico y lo mundano, fue una forma de evitar posibles tragedias humanas señalando los lugares en donde frecuentaban caer fuertes descargas eléctricas durante las tormentas.

Árbol sagrado desde la antigüedad, sus ramas, al igual que las de olivo en otros lugares, son llevadas a bendecir durante la misa del Domingo de Ramos. Partes de estos ramos benditos eran quemados durante las tormentas para alejarlas a del lugar.

Ante la inminente llegada de las tormentas guiadas por los Renubeiros, en algunos pueblos de la montaña era de tradición tocar las campanas de las iglesias cuando, el aspecto que esta daba, parecía traer una verdadera desgracias consigo. Se creía que, las vibraciones de las campanas, evitarían que se formase el granizo que podría hacer peligrar las cosechas. Por otra parte, las gentes sacaban las hachas a las eras para que, colocándolas con el filo hacia arriba, amenazasen a los Renubeiros. A su vez, en las lareiras de las casas, se quemaban ramas del laurel que había sido bendecido el Domingo de Ramos. El humo del laurel bendito, se creía que alejaría del lugar a los Renubeiros y, con ellos, a sus rebaño de nubes amenazantes.

Mitos y Leyendas: Diosas Lunares (Leyenda do Chao das Olas)

Decía Plinio el Viejo en uno de sus escritos sobre los cultos de los pueblos galaicoasturianos:

“…Nada tienen más sagrado que el tejo y el roble. Eligen los bosques de estos árboles para hacer sus ritos, que no hacen si los árboles no tienen hojas… tras preparar sus sacrificios y el banquete bajo los árboles, traen dos terneros blancos sin cuernos. Con su túnica blanca un druida sube por un árbol para cortar tejo con su hoz de oro, otros lo reciben. Después matan a los terneros en sacrificio y piden la recompensa posterior a sus dioses…”

Diosa lunar de los pueblos celticos, pierde sus inicios en los pueblos indoeropeos. Nombre que perdura en la geografía, su nonbre se encuentra ligado a fuentes y ríos

Cuenta la leyenda que, a traves del tiempo se ha conservado, sobre las crestas rocosas próximas al castro de San Andres, en  As Nogais y durante las noches de luna llena, una dama vestida de túnicas blancas y acompañad por lobos, se aparecía sobre ellas para cantar asturianas a la Luna. Mientras su belleza era iluminada por la tenue luz plateada, sus cantares eran acompañados en coro por los aullidos de los lobos que con ella iban.

Diosa del panteón celta y de los pueblos galaicoasturianos, Deva era comparable  a la representación de la diosa Gea en Grecia clásica.  Madre de todos los dioses y de naturaleza acuatica, Deva era vinculada a fuentes y ríos por ello, su nombre, perdura hoy en la toponimia dando nombre a estos accidentes geográficos entre otros.

Madre de los dioses del panteón celta, vinculada a las aguas y al curso de los ríos

Perdida su relación  con las antiguas divinidades célticas, era conocida entre las gentes del lugar, como la dama o la señora.

Minería romana en Ancares: Las Medulas de los Carrascos

A la sombra de las Médulas de Carracedo, las Médulas de los Carrascos en el valle del Valcarcel ocuparon una extensión de 150 Hc. Posiblemente anterior a las Médulas de Carracedo, quedan de esta parte de la Red de canales que fueron usados para el lavado de los materiales

Hace algún tiempo y con la intención de encontrar pistas a la posible ubicación de la mansión romana de Útaris. Mansión que, según algunos eruditos, se cree que se encuentra bajo las ruinas de la fortaleza de Santa Maria de Autares en el valle del Valcárcel. Encontramos en los mapas topográficos de la comarca, y no muy apartadas del trazado que seguía la vía romana, anomalías sobre el terreno que no podían ser de origen natural.

Ocupando una superficie superior a 150Hc, en dicha imagen se pueden observar los desgarros que confirman las líneas de nivel del mapa topográfico y la orografía del mapa del mapa de relieve.

Las anomalías estructurales en la topografía de la sierra, que rompían los patrones de regularidad geológica de la misma, mostraban una discontinuidad de la geomorfología natural del terreno. Tales desgarros nos llevaron a pensar que bien podrían haber sido provocadas por la mano del hombre. Tras observar dichas anomalías en las líneas de nivel, la observación de las ortofotos no dejaban duda. Dicha anomalía, que se encuentra en la llamada la Sierra del Caldeirón perteneciente al ayuntamiento de Trabadelo, dejaba claro de que allí había habido una mina a cielo abierto y de un tamaño considerablemente grande.

El área, remarcada en azul, señala el lugar ocupado por dicha mina romana en la Sierra del Caldeirón en Trabadelo. El área afectada de dicha sierra se localiza en la cuadrícula de coordenadas: 42°39’18.17” N 6°50’40.70″ O

Ocupando una superficie superior a 150Hc, dicha mina tuvo que tener una importante relevancia en el valle del Valcárcel y en las comarcas ancaresas limítrofes hoy, parte de ellas, de la provincia de León. La única información relevante sobre este lugar lo encontramos tiempo después en la página del ayuntamiento de Trabadelo en donde, esta mina, es llamada las Médulas de los Carrascos. Próxima al pueblo de Pradela, en dicho lugar, se puede apreciar el curso de diversos canales por los que se transportaba el agua hasta el frente de la mina, así como la cueva romana de La Rigueiriña.

En el siguiente mapa, se expone una representación teórica de las líneas de nivel que podrían responder al patrón natural de la sierra en una época anterior a los procesos mineros que sobre ella se llevaron a cabo. El área sobre la que tuvieron lugar los procesos de movimiento de tierras, se corresponde con la superficie sombreada en negro

Desgraciadamente, la grandeza de unos ensombrece la importancia de otros. Tal es el caso de esta antigua mina romana, que pasa por ser una desconocida para el resto a la sombra de las populares Médulas de Carracedo. Próxima a la la Vía XIX y al camino de Santiago, pocos son los que se paran en visitar un yacimiento minero que, en su época de esplendor, pudo tener tanta importancia como cualquiera de sus hermanas mayores.

En el siguiente mapa de relieve, se pueden apreciar con claridad diferentes áreas de sedimentación generadas por el arrastre de tierras desde la cuenca en donde tuvo lugar la excavación, remarcada en azul. Siendo las zonas sombreadas en color rosado fuerte las áreas de sedimentación de materiales pesados y las de rosado claro las de la sedimentación de las partículas ligeras.

Ancares Prerromano: “Petroglifo de Teixoeiras”

“Contaba la leyenda que, sobre el monte de Teixoeiras y en el lugar llamado Chao de Canda, se encontraba una roca con extrañas marcas que habían sido talladas por “mouros” mucho tiempo atrás, señalando con ellas el lugar en donde se encontraba oculto un tesoro. Pero, cuidado, quien osase profanar la roca para llevarse el tesoro, una maldición lo perseguiría…”

Contaba la leyenda que sobre el se encontraba una roca con marcas bajón la que de escondía un antiguo tesoro

Llamada por los vecinos ” A Pena das Marcas” o “A Pena das Teixoeiras” y entre el temor y la curiosidad, está perduraría intacta durante milenios hasta que, tres vecinos de un pueblo próximo llamado Lama da Vila, decidiesen volarla en pedazos a principios de los años treinta del pasado siglo. Decepcionados por no haber encontrado el codiciado tesoro dentro de la roca, dejaron sus trozos dispersos por el lugar en donde esta yacía. Sin saber que, aquella roca, era el verdadero tesoro. Un tesoro llegado desde un tiempo inmemorial y que, por su necedad, lo habían condenado a muerte.

Entre las vistas de los paisaje que pueden ser contemplados desde el lugar en donde esta se enclava. La de la Sierra de Ancares, muestra su majestuosa elegancia como el testigo que presenció a aquellos que, en una época preferirá, trazaron con maestria los grabados sobre la roca de la que hoy tan solo perduran sus fragmentos.

Vista de los montes y valles de Ancares desde el pico de Teixoeiras. Las vistas panorámicas desde este enclave son magníficas

Transcurrido el tiempo, y aunque el petroglifo ya había sido volado en pedazos, su leyenda perduró en la memoria de las gentes hasta que, durante el verano de mil novecientos ochenta y tres, David Alba se la contaría una tarde a su nieto Abel y a uno de sus amigos llamado Marcelino. Con la curiosidad juvenil a flor de piel, ambos iniciarían el ascendo a la montaña para ir a visitar el lugar en donde este yacía.

Entre los trozos que quedaban de la roca, unos más grandes y otros más pequeños, ambos encontraron algunos que tenían extrañas marcas, unas con forma de herradura, otras en forma de cazoleta y otras de forma indeterminada. Amantes del senderismo y dados a las largas caminatas, ambos hicieron del lugar un punto de paso que, a lo largo de los años, visitarían.

Pasado el tiempo, y ya casi caída en el olvido, Abel, decidió buscar a quien informar sobre la existencia de dicho petroglifo. Para ello, se puso en contacto con un grupo llamado “Patrimonio Ancares” que, al parecer, operaba por la zona con el propósito de recuperar el patrimonio histórico de la comarca.  Contactado con uno de ellos, llamado Xabier Moure, marcaron una fecha para ir a verlo.

El día anterior a la fecha acordada para la ascensión a la cumbre, Abel, recibió una llamada de Xabier Moure manifestando su pesar por la imposibilidad de poder ir el día señalado. Razon por la que se pospondría la cita para otras fechas más adelante. Dado por perdido dicho encuentro, Abel decidiría subir por su cuenta al lugar para tomar fotos de las panorámicas del lugar mientras lo visitaba despues de años.

Para su sorpresa, mientras ascendia, por la otra ladera de la montaña pudo divisar a lo lejos a Xavier Moure que, acompañado de una mujer, también habían iniciado el ascenso a la cima. Llegados al lugar, y ante el desconcierto de aquellos dos buscadores, Abel les indicaría el lugar en donde los restos del petroglifo yacían.

Posiblemente un trifinium dada la proximidad de una fuente llamada “fonte do marco”, este petroglifo es el primero que fue encontrado y registrado en el Concello de As Nogais

Tiempo después del encuentro en la cima de Teixoeiras, y de que Xabier Moure le hubiese prometido que figuraría como informador de dicho hallazgo, Abel sería avisado por Patrimonio de que no había sido mencionado en los informes que habían sido remitidos a la Xunta de Galicia por Xavier Moure sobre el descubrimiento. Sin dilaciones, se cursarían los documentos necesarios e hicieron las correspondientes gestiones ante Patrimonio de la Xunta de Galicia en donde hoy Abel, socio fundador de la Asociación Cultural Ancares Máxico, figura hoy como el descubridor del primer petroglifo hallado en As Nogais.

Los Castros

La historia de Galicia, es una parte de la historia de antiguos pueblos que estuvieron vinculados a una milenaria cultura atlántica y a otros que, procedentes de las regiones de centroeuropa, se asentaron al oeste para mirar a la inmensidad del océano. Entre el primer y segundo milenio antes de Cristo, clanes independientes, que compartían una cultura propia y que serían conocidos por los celtas, recorrerían Europa mezclándose con los nativos para dar lugar a un continuo cultural en el Arco Atlántico que hoy sigue vivo y hunde sus raíces en la prehistoria.

Una de las pallozas del castro de Cabanas en As Nogais, Lugo. Dada su ubicación próxima al río Boullón, bien pudo tratarse de un castro romanizado minero

Desde el norte de Europa, hasta el noroeste de España, la cultura atlántica dejaría dispersas las huellas de una época pretérita que perduraría por su legado hasta nuestros días tanto en las costumbres, como en el arte, como en el legado arqueológico que, de aquel entonces, aún se conserva.

Vista aerea del Castro de Dina Dinlle en Walles, al sureste de Inglaterra. Se cree construido durante el siglo V antes de cristo como un castro defensivo. Las monedas y otros artefactos encontrados del siglo II después de cristo sugieren a la ocupación y colonizacion romana de este lugar.

Sin una identidad de país y con una estructura social definida por clanes protofeudales, las rivalidades y desaveniencias surgidas entre ellos, la belicosidad de aquellas gentes y la presión de sucesivas invasiones a lo largo del primer milenio antes de Cristo, haría surgir entre los pueblos celtas un tipo de construcciones defensivas que, en definitiva, serían germen de los futuros castillos y fortalezas medievales. Bryngaer, hillforts, Caistels, Castelos o Castros, forman hoy parte de nuestro entorno, tanto en los topónimos de los lugares que estos ocuparon, como de las mismas ruinas que de ellos quedan tras el paso de los siglos.

Vista aerea del castro de Danebury en Inglaterra. Esta estructura defensiva surgida durante la edad del hierro, que data su construcción en torno al siglo VI A.C. permanecería en uso durante más de seis siglos para caer en el abandono durante el siglo II D.C.

Surgidos de la necesidad de proteger a las gentes de sus poblados limítrofes de los ataques de otros clanes, estas fortificaciones que hoy son conocidas como castros en Galicia, León y Asturias, dieron pie a que, corrientes poco o nada ligadas a la historia, hiciesen uso de estas antiguas construcciones, y por ende de su topónimo, como un símbolo de un neonacionalismo que sugiere la creación de una posverdad a la que hoy se da a conocer como la cultura castreja o castreña.

Vista aérea del castro romanizado de Viladonga en Lugo. Baluarte de la neocultura castreja, se cree que fue construído durante el siglo III D.C. para caer en el abandono durante el siglo V, posiblemente tras las invasiones suevas

Cabe de tener en cuenta, para la creación de esta nueva cultura propia, aquellos clamores del nacionalismo romántico en los que, el nuestro buen Ramón Otero Pedrayo, saca a relucir su galleguismo conservador cuando dice aquello de que, el relieve es el elemento generador de las caracteristicas que diferencian a un pueblos de una forma natural, siendo los montes, que separaban a Galicia de Castilla por el este, la barrera que hacian de Galicia un lugar diferente al resto.

Castro da Vella en Cervantes, Lugo. Por su ubicación, los castros o hill forts, tuvieron diferentes usos a lo largo del tiempo. El castro da Vella, cuyos origenes pueden remontarse a la edad del hierro entre los siglos VI y V A.C. es un ejemplo de castro defensivo dada su posición y lo dificil de sus accesos.

Lejos de las ideologías y de lo rancio de la política de Murguía, de Bieto Vicetto o Pedrayo, los castros que coronan nuestras colinas, forman parte del patrimonio de una cultura atlantica que sigue presente desde las tierras del norte hasta Galicia. Testigos mudos que, en su origen, evocan a la oposición de los pueblos atlánticos a ser sometidos a lo largo del tiempo.

Mineria Romana: El saqueo de Hispania

Desde la antiguedad, pueblos como los fenicios, o los griegos, vinieron a Hispania en busca de los metales preciosos que se decía que aquí abundaban hasta el punto de poder ser recolectados sin esfuerzo. Las historias y leyendas que entonces eran contadas sobre Iberia, hablaban de una inmensa riqueza minera, un El Dorado de la antigüedad clásica y en la zona más occidental del mundo conocido. Asentadas sus colonias en las costas mediterráneas, y de las que hoy nos quedan vestigios como Ampurias o Rodas, los pueblos llegados del este del Mediterráneo establecieron aquí sus nucleos, desde los que comerciaron con los distintos pueblos que habitaron Hispania.

Los hombres de Celtiberia tenían por costumbre el uso de unos brazaletes de oro a los que llamaban viriae. Ello daba muestra de la abundancia del oro en sus tierras.

Como sucesores de los fenicios, los cartagineses mantendrían la explotación de los recursos, sirviéndose tanto de los recursos mineros, como de los recursos humanos, para así financiar sus casi continuas guerras contra la naciente Roma. Cabe reseñar, sobre la primitiva minería de la época, los escritos llegados de la mano de Estrabón. Este geografo de la Grecia clásica del siglo III A.C. describe las lamemtables condiciones en las que, por aquel entonces, se realizaban los trabajos de mineria, con turnos de Sol a Sol, tanto de día, como de noche, y a la luz de las lamparas de aceite.

Como sucesora de griegos, fenicios y cartagineses, Roma no tardaría en llegar para quedarse. Aunque su llegada a Hispania no fue con la intención de conquistarla, sería tras la derrota de Cartago cuando descubrirán una Hispania rica en todo tipo de recursos, desde los metales y piedras preciosas, hasta de aquellos materiales necesarios para el desarrollo de una Roma emergente. Las leyendas que, sobre la abundancia de los metales preciosos se contaban, llevaría a las incursiones hacia el oeste de Hispania. Los escritos clásicos que hablaban de una abundancia de oro que no tenían igual y leyendas de que en las cuencas de los ríos como el Miño, el Sil o el Duero, el oro podía ser recolectado sin dificultad, alentarían la sucesiva conquista de Hispania por parte de Roma.

Las Médulas fueron la mayor mina de oro del Imperio Romano desde sus inicios en el siglo I DC hasta el siglo III

La agresividad que llevaban consigo las explotaciones romanas, dejaron tras de si grandes áreas totalmente arrasadas tales como las Medulas de Carracedo en el Bierzo o las Medulas de los Carrascos en el Valcalrcel. La técnica de derrube usada, obligaba a escabar galerías por la que circularía el agua que previamente sería llevada a la explotación por una intrincada y extensa red de canales. Entre los sedimentos que estas aguas irian dejando tras de sí, quedaría el oro que sería, posteriormente, sería recolectado. Cabe decir que, la mina a cielo abierto de Las Médulas, fue la mayor mina de oro del Imperio Romano hasta el siglo III D.C.

Las necesidades de estos yacimientos mineros, llevo a un movimento de gentes venidas de otras áreas del imperio. Desde militares para su vigilancia, a la necesidad de ingenieros y de personal cualificado para el desarrollo de las obras hidráulicas y de su administración, darían paso a una romanización de la que hoy somos herederos. La explotación de los recursos en las Medulas de Carracedo se mantuvo operativa desde el siglo I, hasta el III D.C. Llegada esta época, la mayor parte de los yacimientos del Noroeste de Hispania perdieron su productividad hasta considerarse agotados a partir del 300 D.C.

A la sombra de las Medulas de Carracedo, las Medulas de los Carrascos en el valle del Valcarcel ocuparon una extensión de 150 Hc. Posiblemente anterior a las Medulas de Carracedo, quedan de esta parte de la Red de canales que fueron usados para el labado de los materiales

En resumen, cabe decir que la riqueza minera de la Gallaecia y, en su conjunto, de Hispania, no tuvo igual en ningún otro lugar de la antiguedad clásica. Haciendo de estas virtudes, el reclamo a las ambiciones de los comerciantes y el deseo de imperios. Con Roma al frente de las antiguas minas fenicias, así como de la apertura de las nuevas explotaciones, harían de Hispania uno de los lugares más próspero del mundo antiguo.