Las Peregrinaciones: Origen

Desde la antigüedad, las peregrinaciones a los lugares de culto, formaron parte de las diferentes culturas que se sucedieron. Entre un amplio abanico de razones que impulsaron a las gentes a iniciar el viaje a dichos lugares, en tan solo tres se podrían ver resumidas todas ellas: Lugares que, por alguna circunstancia extraordinaria, fueron considerados sagrados, o sacralizados. Gentes, o grupos de gentes, que comenzaron a desplazarse hasta dichos lugares y, o bien la esperanza de estos, de obtener por el viaje una recompensa, o bien de rendir tributo por un favor que considerando cumplido, pudiendo ser estos favores de carácter tanto material, como espiritual.

El origen de los lugares de culto, es tan antiguo como el ser humano. Desde rudimentarias construcciones, hasta la compleja exquisitez de las catedrales, se hace patente una evolución de las técnicas paralelas estas a la evolución de los conocimientos en la misma especie.

Perdiéndose sus orígenes en la noche de los tiempos, las peregrinaciones crearon en torno a sus rutas una intrincada red comercial de posadas, tiendas y pequeños templos secundarios que hacían más llevaderas las idas y venidas de los peregrinos que recorrían dichos lugares. El fenómeno social de las peregrinaciones, no tiene nada de novedoso. Los registros más antiguos de los que se tiene constancia escrita, se encontraron en la ciudad estado de Ebla. Ubicada en la actual Siria, en la ciudad estado semítica más antigua del oriente próximo, se encontraron miles de tablillas datadas en el 3.000 A.C. Tablillas en las que, a parte de hacer mención a los tratados a los que se llegaba con otras ciudades vecinas, también hablan de sus dioses, de sus sacerdotes, de sus templos y de las ofrendas que los peregrinos, llegados de cada rincón de su territorio, dejaban a los dioses en sus templos.

Desde los limbos con la prehistoria, nos llegan datos de que, las peregrinaciones, formaron parte de todas las culturas que, desde entonces, se han sucedido.

Dicha actividad humana, ya registrada hace más de 5000 años, deja clara una profunda vinculación entre la vida cotidiana y la vida espiritual de los pueblos a través del tiempo. De aquella época, también se tiene constancia de haber lo que se podría definir como una doble peregrinación. Una peregrinación que iba desde los distintos lugares del país, a la capital y una segunda que iba desde la capital, hacia las periferias. Peregrinación, esta última, en donde los símbolos de sus deidades, eran llevados a los pueblos para que las gentes pudiesen rendirles culto y solicitar de ellas los favores. No hace muchos años y guardando una ligera semejanza, las imágenes de santidades, como la Virgen María o San Antonio, recorrían en peregrinación los hogares de algunos pueblos. Imágenes que, portadas en un pequeño oratorio de madera, peregrinaban de casa en casa cerrando un circuito que se repetía año tras año.

Por una tradición, que se pierde en la memoria, al pueblo de Vilavexe se celebra una peregrinación en los días de San Antonio Abad y San Antonio de Padua los días 17 de enero y 13 de junio respectivamente

Sin contar la peregrinación por excelencia a Santiago de Compostela, cuyo tránsito por la comarca de Ancares es de paso obligado, otras pequeñas peregrinaciones a santuarios locales fueron y son llevadas a cabo por los vecinos de esta comarca. Pequeñas peregrinaciones que, para el sentir de unos lugareños, tenían igual valor a sus creencias que un peregrinaje a Tierra Santa. La peregrinación al santuario del Cebreiro los días siete y ocho de septiembre, la peregrinación a la capilla de San Antonio en Vilavexe los días diecisiete de enero y el trece de junio o la romería a la capilla de San Lorenzo, el diez de agosto, en Pena do Pico en Becerreá, cubrían unas necesidades espirituales de unas gentes que, atadas a sus trabajos de Sol a Sol, no dispondrían, ni del tiempo, ni de los medios, para embarcarse a un viaje que podría llevar días.

Aparentemente actuales estas últimas, sus orígenes tampoco se puede decir que nos lleguen de épocas próximas en la línea tiempo. Algunas de las viejas capillas o iglesias que están dispersas por nuestra geografía, fueron construidas próximas a antiguos enterramientos o a lugares que habían sido zonas de culto desde una época ancestral, cristianizando con ello los cultos paganos que en el lugar se llevaban a cabo. A su vez, serían estos templos construidos en sus proximidades, los que habrían de hacer la labor de mantener vivas unas tradiciones bajo una nueva forma, pero con igual fondo. Una espiritualidad, que nos llega desde los albores del tiempo y que formó parte de cada una de las culturas que, desde que el hombre existe, se sucedieron.