Mitos y Leyendas: “A Casa do Regueiro da Lomba”


Tras la caída del Imperio Romano, una larga sucesión de siglos tan tenebrosos como las mismas leyendas que de ellos afloraron, se sucederían a lo largo y ancho de Europa. Había nacido la Edad Media. De entre sus idas y venidas, regidas por un ciego fanatismo, también surgiría lo que sería uno de los engendros más perturbadores creados por la mente humana: La Santa Inquisición.

Una de estas historias, nos lleva en el tiempo a mediados del siglo XVI. A un rincón de las montañas de Ancares próximo a As Nogais. Un rincón en donde, una familia, vivía en paz en una apartada casa. Una modesta palloza, próxima a un arroyo que, entre los lugareños, era llamada “A Casa do Regueiro da Lomba”

Dedicados a sus quehaceres, la familia que allí habitaba, estaba formada por un matrimonio y sus dos hijos que, cada día, luchaban por subsistir bajo el yugo del aun vigente feudalismo. Aunque, algo especial, hacía diferente a esta familia de las demás.

Conocedora de los secretos de las plantas, además de sus menesteres como campesina, la esposa del labrador también dedicaba parte de su tiempo a las labores de sanación con los vecinos que iban a visitarla, bien para pedirle remedio, bien para pedirle consejo, o bien para ambas cosas. Viendo crecida su fama en el lugar, y llegada esta a oidas del párroco de la comarca, no tardo este en informar a sus superiores para, a su vez, pedir consejo.

A la vista de que, aquella diabolica mujer, era conocedora de tan infernales artes, los superiores del párroco no dudaron en dar aviso al la Santa Inquisición. El Brazo Secular, en sus sabias decisones, procedería con dicha persona en la medida de lo correcto para corregir y enderezar tal heregía.

Una noche de invierno de 1540, aquella familia sería apresada desapareciendo todos ellos para siempre. Su casa al abandono y sus tierras confiscadas, dejaron tras de si una huella en la memoria de las gentes que, hasta hace poco tiempo, aún susurraban con temor sobre los horrores que pudieron haber aconteció a aquella humilde familia en las carceles de la Santa Inquisición.

Las paredes ruinosas de la casa que les dio cobijo, aún siguen en el lugar a la espera de que retornen aquellos que nunca regresarán.