Fauna y Flora: “El Tejo”

    Tejo de Piornedo. Arbol posiblemente bimilenario, pudo ser testigo de las reuniones en torno él se celebraron.

Entre las especies arbóreas de los Ancares, se encuentra el tejo, o teixo. Uno de los árboles sagrados de los pueblos celtas, esta especie se caracteriza, entre otras facetas, de tener una longevidad que puede alcanzar los cinco mil años. Encontrándose algunos ejemplares milenarios de esta conifera, como el que se encuentra próximo en Piornedo.  En la antigüedad, y bajo la sombra de estos longevos árboles sagrados para dicha cultura, tenían lugar las juntas para hacer acuerdos entre los poblados o para las reuniones del consejo de los mismos poblados.

Asociado por sus propiedades al dios Belenus, cabe tener muy en cuenta que el tejo es un árbol venenoso en toda su extensión, hojas, corteza, savia y raíz. Se da cuenta de ello en los escritos de la epoca romana en los que nos cuentan, como los antiguos guerreros, reacios a ser esclavizados, llevaban consigo una poción venenosa hecha de este arbol para suicidarse en el caso de caer en manos de sus enemigos.

El fruto del tejo, a la par de pintoresco, es venenoso para muchas especies, entre ellas, la humana.

De la familia de las coníferas, el Taxus baccata, o tejo común, es un arbol que guarda una gran semejanza con el abeto. Su tronco, que puede llegar a medir mas de metro y medio de diámetro, puede alcanzar una altura con la que superar los quince metros. En los ejemplares que suelen alcanzar esta altura, sus ramas se hacen colgantes y muy extendidas.  Sus hojas, de forma lanceolada y de un color verde oscuro, se extienden en forma de espiral a lo largo de la rama.

Entre las curiosidades de esta especie, también esta su caracter dioico, aunque en raras ocasiones puede ser monoica. Estas coníferas, herencia del Jurásico, necesitan de un ejemplar macho y de otro hembra para llevar a cabo su fecundación. Floreciendo a principios de la primavera, su fruto quedará rodeado por una cúpula carnosa de color rojo a principios del otoño. Cada una de estas cúpulas contiene de entre cuatro a seis semillas que, a su vez, también son venenosas y  que tardan no menos dos años en germinar. Dichas dificultades biológicas tanto en su fecundación, como en su germinazación, así como su preferencia por los lugares poco soleados y húmedos, lo han llevado a quedar relegado a las zonas montañosas del norte, en donde aún quedan algunos pequeños bosques en las estribaciones de la cordillera Cantábrica, quedando la mayor parte de ellos dispersos por las montañas y cohabitando con otras especies autóctonas del lugar.