Mitos y Leyendas: “La Santa Compaña”

Siendo la base para innumerables leyendas de la cultura popular de Asturias y Galicia, la Santa Compaña dejó su impronta en gran parte de aquellos relatos populares en donde, el temor a lo inexplicable, se entrecruzaba con la herencia de unas creencias ancestrales gobernadas por un alo que cabalgaba entre lo mágico y lo mitológico.

Legado de las creencias animistas de los pueblos prerromanos que, dada su apariencia mística, la hizo emparentar con el cristianismo. La Santa Compaña es el apelativo en el que se engloba las leyendas populares sobre aquellas misteriosas procesiónes de almas en pena, que recorrían los caminos en la noche, y de las experiencias de aquellos que, con ellas, se cruzaban. En resumen, es la herencia milenaria de una tradición pagana que nada tiene de Santa y menos de cristiana.

Almas en pena que recorrían los caminos cada noche

Así pues, desde la media noche, los caminos quedaba bajo el dominio unos seres espectrales que se decía mostraban una piel palida mientras, vestidos con sudarios y a la luz tenue de las velas, recorrían las comarcas hasta la proximidad del alba. Muchas eran las advertencias y consejos para evitar encontrarse con ella en la oscuridad de la noche. Aquellos espectros, caminantes descalzos que arrastraban cadenas y que, en ocasiones, hacían sonar campanillas, tenían el poder de condenar a los atrevidos que los pertubase, a vagar con ellos cada noche  por toda la eternidad.

Leyendas arraigadas en la cultura popular, perpetuadas de padres a hijos, eran relatadas durante las largas y frías noches de invierno al calor de las chimeneas. De aquellas historias, en Ancares quedaron relatos tales como el de Xán García, Juan García. Relatos que, contados en la penumbra de las hogeras, causarian la fascinación, el temor y la curiosidad de aquellas gentes que las escuchaban y que, aún hoy en día, hace palidecer.

“Xán García, era un hombre intrepido, de complexión fuerte y sin temores. Dado a los ambientes nocturnos, y reacio a creerse las historias que, sobre los espiritus de la noche, se contaban. Nada mundano le hacía perder su compostura para aventurase en la oscuridad de los caminos a altas horas de la madrugada e ir de unos lugares a otros. A su parecer, todo aquello que se contaba sobre fantasmas, almas en pena o seres de otro mundo, eran tan solo los cuentos perfectos para asustar a los niños.

Harto de desdeñar los consejos del párroco y haciendo oidos sordos a lo que los vecinos le decían. Una oscura noche de Todo los Santos, se fue al festejo que habían organizado en un cercano pueblo de la comarca. Disfrutando del festejo desde el atardecer y hasta altas horas de la noche, permaneció en el lugar para luego, terminada la fiesta, emprender el camino de regreso a su casa. Un único camino que, forzosamente, lo llevaría a pasar frente a la puerta del cementerio de la parroquia.

Desesperada su familia ante su tardanza, con la primera luz del día se echaron en su busqueda a la vez que se escuchaba tañir las campanas de la iglesia. Camino abajo, vieron venir a un vecino al que le preguntaron porque tocaban las campanas. El vecino, asustado, les dio el aviso de que el parroco quería verlos y que se presentasen cuanto antes ante la puerta del campo santo.

Llegados a las proximidades del lugar, se toparon con el párroco que, entre la confusión y el horror, los acompañó hasta la entrada del cementerio. Flanquedas por un grueso muro de piedra, de las dos pesadas puertas de madera de roble que lo cerraban, pendía el cuerpo de Xán García, colgado en cruz de sus brazos y con un mensaje escrito con su propia sangre.

“Xán García, andiveras de día que a noite é miña”

Por ello, si en la noche vais por un camino y a lo lejos la veis venir, haced un circulo en el suelo y dentro de el una cruz que señale con sus brazos al norte, al sur, al levante y al poniente. Luego entrad dentro de él y colocaos en su centro mirando al sur con con los brazos extendidos y, mientras esta pasa a vuestro lado, recitad en voz alta: Tócavos a vos, levade a cruz, que eu xa a teño.”