La Leyenda de las Herraduras

Simbología de origen romana. Posiblemente reutilizadas estas de una mansión o villa romana que estubo próxima a aquella zona

La curiosidad de los niños, a diferencia de la de sus mayores, pueden ser contentada con una inocente respuesta. Ha sido, nuestra curiosidad, la que nos ha traido a lo que hoy somos. Una curiosidad innata que nos lleva a preguntar sobre aquellos pequeños detalles que, el cuestionado, posiblemente sepa tanto como los mismos niños que lo interrogan. Una de esas curiosidades que traía de cabeza a los peques de la parroquia de Santo Adre en As Nogais y, con ello, a su párroco, era la de saber el significado de unas curiosas marcas que estan grabadas sobre algunas de las piedras que flanquean la puerta de la iglesia.

Cando los chicos se dirigían al sacerdote para preguntarle sobre el significado de aquellas extrañas marcas en forma de herradura, unas puestas en un sentido y otras en otro, este les respondía contándoles una hermosa fábula que cautivaría a los niños, saciando así su curiosidad:

“Despues de nacer Jesus en el portal, y tras haberse enterado Herodes de tan extraordinario evento, este dio la orden de matar a todolos pequenos nacidos en aquellos días, por el temor a perder su trono en el futuro. Al saber José y María de esta orden del Rey Herodes, y para proteger a su hijo, hulleron de aquel portal en donde el niño había nacido y en donde había sido adorado por reyes. Con María y su hijo a espaldas del borrico, y tras caminar una legua, cayeron en la cuenta que las marcas que iban dejando las herraduras tras de si, también dejaban un testigo de la dirección en la que ellos huían.

Llegados a una herrería, pidieron ayuda a un herrero para que cambiase el sentido de las herraduras al asno y, de ese modo, intentar desorientar a los soldados que los pudesen llegar a perseguir. Echados de nuevo al camino, las herraduras do borrico dejarían tras de si un falso rastro en sus pisadas que les ayudaría a despistar a sus perseguidores y, a su vez, poner a salvo al Hijo de Dios.”

Relato contado a los niños por D. Manuel Vidal Roca, párroco de Santo André durante la segunda mitad del siglo XIX.