“Contos, Pontes e Pousadas no Camino Real de Acceso a Galicia”

La construción de caminos siempre fue, y  aún es, una tarea enormemente compleja porque implica intervenir directamente sobre el territorio y proceder a sú modificación. Una transformación que requiere un completo conocimiento del territorio pero también la delimitación clara de los objectivos a alcanzar. Pues bien, estas dos premisas no se alcazaron durante buena parte de la historia de la humanidad. De hecho, antes del siglo XVIII tan solo Roma fue capaz de llevarlas a cabo implementando una red de casi 100.000 km que aseguraban un completo control del territorio tanto militar, como comercial.

Una de las joyas de las obras civiles que fueron llevadas a cabo durante la ilustración, fue usada como puente para la Nacional VI (antigua de Carlos III) hasta hace pocos años. Con más de dos siglos sobre sus piedras, sigue hoy haciendo las funciones que le fueron asignadas, con estoica solidez.

Durante a Edad Media y Moderna tan solo se modifica el territorio a través de la agricultura pero no con los camiños. Las intervenciones sobre las rutas terrestres, se limitában a la mejora de los pasos difíciles, la construción de un puente o a las pequenas reparaciones y rectificaciones de sección y trazado, pero no había una planificación a nivel de estado. Esta ausencia se debe a varios factores dependiendo de la época pero los podemos resumir en tres:

1. Inexistencia de estado en determinados momentos,

2. Desconocimiento de los territorios y, por lo tanto, incapacidad técnica.

3. Falta de visión económica al desconocer la estrecha relación existente entre camino y desarrollo comercial.

El panorama cambia completamente a mediados del siglo XVIII con la llegada al trono de Carlos III (1759-1788) y, de seu hijo, Carlos IV (1788-1808). El culpable del cambio fue la Ilustración, un pensamiento que se estendía por Europa como un reguero de pólvora y que prometía el uso de  la razón para mejorar la vida. Los reyes lo adoptaron con premura y como unha forma de afianzar su poder absoluto pero disfrazado como un medio para incrementar la riqueza do reino e lograr la felicidad y el bienestar de sus súbditos. Así apareció el rey déspota ilustrado que iba emplear su poder junto con las luces de la razón y los adelantos de la época para impulsar las reformas que transformasen la mala situación vigente. Pero, para hacer esto, se consideraba que no era necesario contar con las masas, ya que se presuponía que, la miseria e ignorancia en que vivían, les impedía conocer cuales eran los remedios para resolver su patética situación. En consecuencia, el rei haría lo de sempre, lo que le diese la gana y bajo el lema:

“Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.”

Articulo, traducido al castellano, del Doctor en Historia Antigua Javier Gómez Vila

Minería romana en Ancares: Las Medulas de los Carrascos

A la sombra de las Médulas de Carracedo, las Médulas de los Carrascos en el valle del Valcarcel ocuparon una extensión de 150 Hc. Posiblemente anterior a las Médulas de Carracedo, quedan de esta parte de la Red de canales que fueron usados para el lavado de los materiales

Hace algún tiempo y con la intención de encontrar pistas a la posible ubicación de la mansión romana de Útaris. Mansión que, según algunos eruditos, se cree que se encuentra bajo las ruinas de la fortaleza de Santa Maria de Autares en el valle del Valcárcel. Encontramos en los mapas topográficos de la comarca, y no muy apartadas del trazado que seguía la vía romana, anomalías sobre el terreno que no podían ser de origen natural.

Ocupando una superficie superior a 150Hc, en dicha imagen se pueden observar los desgarros que confirman las líneas de nivel del mapa topográfico y la orografía del mapa del mapa de relieve.

Las anomalías estructurales en la topografía de la sierra, que rompían los patrones de regularidad geológica de la misma, mostraban una discontinuidad de la geomorfología natural del terreno. Tales desgarros nos llevaron a pensar que bien podrían haber sido provocadas por la mano del hombre. Tras observar dichas anomalías en las líneas de nivel, la observación de las ortofotos no dejaban duda. Dicha anomalía, que se encuentra en la llamada la Sierra del Caldeirón perteneciente al ayuntamiento de Trabadelo, dejaba claro de que allí había habido una mina a cielo abierto y de un tamaño considerablemente grande.

El área, remarcada en azul, señala el lugar ocupado por dicha mina romana en la Sierra del Caldeirón en Trabadelo. El área afectada de dicha sierra se localiza en la cuadrícula de coordenadas: 42°39’18.17” N 6°50’40.70″ O

Ocupando una superficie superior a 150Hc, dicha mina tuvo que tener una importante relevancia en el valle del Valcárcel y en las comarcas ancaresas limítrofes hoy, parte de ellas, de la provincia de León. La única información relevante sobre este lugar lo encontramos tiempo después en la página del ayuntamiento de Trabadelo en donde, esta mina, es llamada las Médulas de los Carrascos. Próxima al pueblo de Pradela, en dicho lugar, se puede apreciar el curso de diversos canales por los que se transportaba el agua hasta el frente de la mina, así como la cueva romana de La Rigueiriña.

En el siguiente mapa, se expone una representación teórica de las líneas de nivel que podrían responder al patrón natural de la sierra en una época anterior a los procesos mineros que sobre ella se llevaron a cabo. El área sobre la que tuvieron lugar los procesos de movimiento de tierras, se corresponde con la superficie sombreada en negro

Desgraciadamente, la grandeza de unos ensombrece la importancia de otros. Tal es el caso de esta antigua mina romana, que pasa por ser una desconocida para el resto a la sombra de las populares Médulas de Carracedo. Próxima a la la Vía XIX y al camino de Santiago, pocos son los que se paran en visitar un yacimiento minero que, en su época de esplendor, pudo tener tanta importancia como cualquiera de sus hermanas mayores.

En el siguiente mapa de relieve, se pueden apreciar con claridad diferentes áreas de sedimentación generadas por el arrastre de tierras desde la cuenca en donde tuvo lugar la excavación, remarcada en azul. Siendo las zonas sombreadas en color rosado fuerte las áreas de sedimentación de materiales pesados y las de rosado claro las de la sedimentación de las partículas ligeras.