Fauna y Flora: “Palitroque (Digitalis Purpurea)”

Planta originaria de Europa y norte de África, esta planta se suele encuentra normalmente las zonas montañosas y en lugares de estas como  los claros de bosques, los márgenes de caminos, taludes, terraplenes y, en general, en terrenos húmedos y ricos en silicio.

Digitalis purpurea o palitroque en Ancares, es una especie de planta herbácea bienal de la familia de las plantagináceas apreciada como ornamental, además de por el valor medicinal de su principio activo, la digitalina.

Los “palitroques”, o dedalera, sigue un ciclo de dos años. Durante el primer año produce únicamente una roseta de hojas basales y ovaladas mientras que, durante el segundo año, desarrolla un tallo largo tallo del que sus flores formarán racimos colgantes de flores tubulares, de hasta 5 cm de largo y de un color rosa intenso en el exterior y púrpura en el interior de la corola.

Conocida por sus propiedades medicinales, formó parte de los remedios naturales conocidos por los curanderos desde la antigüedad. Estos recogían sus hojas a la puesta del Sol, momento e la que sus hojas contienen la máxima cantidad de sustancias activas. Usada para relajante cardíaco, dejó de ser usada durante la Edad Media por lo complejo de calibrar la cantidad de digitalina que aportaban cada una de dichas plantas y el riesgo de poder provocar la muerte por parada cardíaca.

Distracción para cuando de niños hacíamos explotar sus flores, sus campanillas siguen adornado el tupido manto vegetal de la

Ancares Prerromano: “Petroglifo de Teixoeiras”

“Contaba la leyenda que, sobre el monte de Teixoeiras y en el lugar llamado Chao de Canda, se encontraba una roca con extrañas marcas que habían sido talladas por “mouros” mucho tiempo atrás, señalando con ellas el lugar en donde se encontraba oculto un tesoro. Pero, cuidado, quien osase profanar la roca para llevarse el tesoro, una maldición lo perseguiría…”

Contaba la leyenda que sobre el se encontraba una roca con marcas bajón la que de escondía un antiguo tesoro

Llamada por los vecinos ” A Pena das Marcas” o “A Pena das Teixoeiras” y entre el temor y la curiosidad, está perduraría intacta durante milenios hasta que, tres vecinos de un pueblo próximo llamado Lama da Vila, decidiesen volarla en pedazos a principios de los años treinta del pasado siglo. Decepcionados por no haber encontrado el codiciado tesoro dentro de la roca, dejaron sus trozos dispersos por el lugar en donde esta yacía. Sin saber que, aquella roca, era el verdadero tesoro. Un tesoro llegado desde un tiempo inmemorial y que, por su necedad, lo habían condenado a muerte.

Entre las vistas de los paisaje que pueden ser contemplados desde el lugar en donde esta se enclava. La de la Sierra de Ancares, muestra su majestuosa elegancia como el testigo que presenció a aquellos que, en una época preferirá, trazaron con maestria los grabados sobre la roca de la que hoy tan solo perduran sus fragmentos.

Vista de los montes y valles de Ancares desde el pico de Teixoeiras. Las vistas panorámicas desde este enclave son magníficas

Transcurrido el tiempo, y aunque el petroglifo ya había sido volado en pedazos, su leyenda perduró en la memoria de las gentes hasta que, durante el verano de mil novecientos ochenta y tres, David Alba se la contaría una tarde a su nieto Abel y a uno de sus amigos llamado Marcelino. Con la curiosidad juvenil a flor de piel, ambos iniciarían el ascendo a la montaña para ir a visitar el lugar en donde este yacía.

Entre los trozos que quedaban de la roca, unos más grandes y otros más pequeños, ambos encontraron algunos que tenían extrañas marcas, unas con forma de herradura, otras en forma de cazoleta y otras de forma indeterminada. Amantes del senderismo y dados a las largas caminatas, ambos hicieron del lugar un punto de paso que, a lo largo de los años, visitarían.

Pasado el tiempo, y ya casi caída en el olvido, Abel, decidió buscar a quien informar sobre la existencia de dicho petroglifo. Para ello, se puso en contacto con un grupo llamado “Patrimonio Ancares” que, al parecer, operaba por la zona con el propósito de recuperar el patrimonio histórico de la comarca.  Contactado con uno de ellos, llamado Xabier Moure, marcaron una fecha para ir a verlo.

El día anterior a la fecha acordada para la ascensión a la cumbre, Abel, recibió una llamada de Xabier Moure manifestando su pesar por la imposibilidad de poder ir el día señalado. Razon por la que se pospondría la cita para otras fechas más adelante. Dado por perdido dicho encuentro, Abel decidiría subir por su cuenta al lugar para tomar fotos de las panorámicas del lugar mientras lo visitaba despues de años.

Para su sorpresa, mientras ascendia, por la otra ladera de la montaña pudo divisar a lo lejos a Xavier Moure que, acompañado de una mujer, también habían iniciado el ascenso a la cima. Llegados al lugar, y ante el desconcierto de aquellos dos buscadores, Abel les indicaría el lugar en donde los restos del petroglifo yacían.

Posiblemente un trifinium dada la proximidad de una fuente llamada “fonte do marco”, este petroglifo es el primero que fue encontrado y registrado en el Concello de As Nogais

Tiempo después del encuentro en la cima de Teixoeiras, y de que Xabier Moure le hubiese prometido que figuraría como informador de dicho hallazgo, Abel sería avisado por Patrimonio de que no había sido mencionado en los informes que habían sido remitidos a la Xunta de Galicia por Xavier Moure sobre el descubrimiento. Sin dilaciones, se cursarían los documentos necesarios e hicieron las correspondientes gestiones ante Patrimonio de la Xunta de Galicia en donde hoy Abel, socio fundador de la Asociación Cultural Ancares Máxico, figura hoy como el descubridor del primer petroglifo hallado en As Nogais.