Castillos y Fortalezas: “Castillo de Tores”

Son muchas las hipótesis que, sobre el origen de este emplazamiento, corren por los libros de historia. Aunque, dicha comarca, ya estaba habitada desde mucho antes de la conquista romana, el nombre que hoy posee, Torés, se lo asocia, por algunos historiadores, a una derivación fonética de la expresión latina turris que, en su plural, es turres, torre/torres. Aún así, el acento fonético de su nombre, deja las puertas abiertas a otras hipótesis sobre tal origen.

Castillo de Tores, sede del Partido Judicial que llevaba su nombre hasta mediados del siglo XIX, terminó sus dias siendo deborado por un incendio.

La datación del castillo, que hoy custodia su valle y próximo al montículo en donde se hallan emplazadas las murallas del castro prerromano, dicen de una época para su construcción, que no es, ni de lejos, romana. Aunque, por otra parte, no cabe de descartar que, sus cimientos, pudiesen haber formado parte de otras construcciones anteriores. Lo cual abre la posibilidad de que, los que hoy son los cimientos de este castillo, también lo hubiesen sido de una primera villa romana cuyas torres, hubiesen dado origen a su topónimo actual, Turres/Torés.

En cuanto a la antigüedad de la familia por la que fue regido, tanto el emplazamiento, como la comarca que abarcaba su feudo, cabe reseñar que, ya en el año 755 de la era cristiana, fue mencionada por el obispo de Orense, D. Sarvando. En dicha mención, esta era señalaba como una familia de un “muy antiguo linaje”. Lo que ha dado pie a que, algunos historiadores, hubiesen llevado los orígenes de esta casa, a las familias nobles de la época imperial romana.

De ser así, la validez del topónimo de dicho lugar asociado a las torres de una antigua villa romana, podría tomar un cierto grado de firmeza. Aunque, su confirmación, como siempre, quedará relegada al tiempo y a los resultados de nuevos estudios que, sobre ella, se puedan llevar a cabo.

El feudo que, este castillo y su familia, administraba, comprendía una extensión de once parroquias entonces. Dichas parroquias, y según el catastro de Floridablanca de 1786, formaban todas ellas parte de un señorío secular. Señorío, cuya administración de justicia ordinaria, era nombrada por el conde de Amarante, Señor de Torés.

La parroquias que lo constituían, eran las de San Juan da Augueira; La parroquia de Fonfría, hoy dividida en la de Fonfría, San Juan y Santa Lucía de Louzarela; La parroquia de Guillen; La parroquia de Morcelle; La parroquia de San Andrés, hoy dividida en las de San Andrés y Santa María Magdalena de As Nogais; La parroquia de Quintá; La parroquia de Tortes; La parroquia de Viladicente; Y la parroquia de San Juan Torés, parroquia esta en la que también se encuentra enclavado dicho castillo.

Años después del catastro de Floridablanca, a mediados del siglo XIX, el castillo y, con él, gran parte de los archivos de la zona jurisdiccional que administraba, perecieron en un malogrado incendio. Incendio que dio origen al estado ruinoso en el que hoy se encuentra.

Tras la limpieza de la maleza que cubría sus muros, lo hacen un lugar que invita a ser visitado. No solo por su historia y las leyendas que sobre el giran, si no también, por la belleza que acompaña a su entorno.