Los Castros

La historia de Galicia, es una parte de la historia de antiguos pueblos que estuvieron vinculados a una milenaria cultura atlántica y a otros que, procedentes de las regiones de centroeuropa, se asentaron al oeste para mirar a la inmensidad del océano. Entre el primer y segundo milenio antes de Cristo, clanes independientes, que compartían una cultura propia y que serían conocidos por los celtas, recorrerían Europa mezclándose con los nativos para dar lugar a un continuo cultural en el Arco Atlántico que hoy sigue vivo y hunde sus raíces en la prehistoria.

Una de las pallozas del castro de Cabanas en As Nogais, Lugo. Dada su ubicación próxima al río Boullón, bien pudo tratarse de un castro romanizado minero

Desde el norte de Europa, hasta el noroeste de España, la cultura atlántica dejaría dispersas las huellas de una época pretérita que perduraría por su legado hasta nuestros días tanto en las costumbres, como en el arte, como en el legado arqueológico que, de aquel entonces, aún se conserva.

Vista aerea del Castro de Dina Dinlle en Walles, al sureste de Inglaterra. Se cree construido durante el siglo V antes de cristo como un castro defensivo. Las monedas y otros artefactos encontrados del siglo II después de cristo sugieren a la ocupación y colonizacion romana de este lugar.

Sin una identidad de país y con una estructura social definida por clanes protofeudales, las rivalidades y desaveniencias surgidas entre ellos, la belicosidad de aquellas gentes y la presión de sucesivas invasiones a lo largo del primer milenio antes de Cristo, haría surgir entre los pueblos celtas un tipo de construcciones defensivas que, en definitiva, serían germen de los futuros castillos y fortalezas medievales. Bryngaer, hillforts, Caistels, Castelos o Castros, forman hoy parte de nuestro entorno, tanto en los topónimos de los lugares que estos ocuparon, como de las mismas ruinas que de ellos quedan tras el paso de los siglos.

Vista aerea del castro de Danebury en Inglaterra. Esta estructura defensiva surgida durante la edad del hierro, que data su construcción en torno al siglo VI A.C. permanecería en uso durante más de seis siglos para caer en el abandono durante el siglo II D.C.

Surgidos de la necesidad de proteger a las gentes de sus poblados limítrofes de los ataques de otros clanes, estas fortificaciones que hoy son conocidas como castros en Galicia, León y Asturias, dieron pie a que, corrientes poco o nada ligadas a la historia, hiciesen uso de estas antiguas construcciones, y por ende de su topónimo, como un símbolo de un neonacionalismo que sugiere la creación de una posverdad a la que hoy se da a conocer como la cultura castreja o castreña.

Vista aérea del castro romanizado de Viladonga en Lugo. Baluarte de la neocultura castreja, se cree que fue construído durante el siglo III D.C. para caer en el abandono durante el siglo V, posiblemente tras las invasiones suevas

Cabe de tener en cuenta, para la creación de esta nueva cultura propia, aquellos clamores del nacionalismo romántico en los que, el nuestro buen Ramón Otero Pedrayo, saca a relucir su galleguismo conservador cuando dice aquello de que, el relieve es el elemento generador de las caracteristicas que diferencian a un pueblos de una forma natural, siendo los montes, que separaban a Galicia de Castilla por el este, la barrera que hacian de Galicia un lugar diferente al resto.

Castro da Vella en Cervantes, Lugo. Por su ubicación, los castros o hill forts, tuvieron diferentes usos a lo largo del tiempo. El castro da Vella, cuyos origenes pueden remontarse a la edad del hierro entre los siglos VI y V A.C. es un ejemplo de castro defensivo dada su posición y lo dificil de sus accesos.

Lejos de las ideologías y de lo rancio de la política de Murguía, de Bieto Vicetto o Pedrayo, los castros que coronan nuestras colinas, forman parte del patrimonio de una cultura atlantica que sigue presente desde las tierras del norte hasta Galicia. Testigos mudos que, en su origen, evocan a la oposición de los pueblos atlánticos a ser sometidos a lo largo del tiempo.